
Diversos estudios en psicooncología y psicología de la salud han demostrado que tener un propósito de vida claro y motivos poderosos para vivir influye positivamente en la evolución del cáncer, en concreto supone:
– Mejor funcionamiento del sistema inmune
– Mayor adherencia a los tratamientos médicos.
– Menor incidencia de depresión y ansiedad.
– Mejor calidad de vida y resiliencia.
1. Propósito de vida como motor.
El diagnóstico de cáncer suele generar una crisis existencial. En ese contexto, tener motivos poderosos para vivir —hijos, proyectos, vínculos, espiritualidad, sueños— se convierte en un ancla emocional y psicológica.
La psiconeuroinmunología aporta evidencia de que el estrés crónico y la desesperanza afectan negativamente al sistema inmune, mientras que la motivación y la esperanza pueden modular positivamente la respuesta inmunológica.
2. Odile Fernández
La médica y superviviente de cáncer con metástasis, Odile Fernández, comparte que el cáncer le enseñó a vivir bajo el lema Carpe Diem, a aprovechar y agradecer cada instante, cada abrazo, cada amanecer, cada inhalación de aire. Su principal motivación en aquel momento fue su hijo de 3 años. En declaraciones suyas, afirmó lo siguiente:
«La intención y la motivación son fundamentales para la sanación. Cuando tenemos un motivo por el que luchar y ponemos toda nuestra energía en conseguir nuestro objetivo ya tenemos parte del camino hecho. Si estamos desmotivados, si nos abandonamos esperando nuestro final, el sistema inmune se deprimirá y nuestras posibilidades de sobrevivir serán menores. Sin embargo, si somos parte activa en nuestra enfermedad, si nos implicamos y tomamos las riendas de nuestra salud y por ende de nuestra vida viviremos con mayor calidad de vida y probablemente tengamos más éxito y mejores resultados.»
3. Kelly A. Turner
La investigadora de Harvard y autora de Radical Remission, Kelly A. Turner, recopiló cientos de casos de remisiones inesperadas de cáncer. Identificó 10 factores comunes y entre ellos estaba tener motivos poderosos para vivir. Todos esas personas, tenían un propósito de vida que les conectaba con la misma. Turner subraya que la falta de propósito puede acelerar el deterioro, mientras que la motivación vital favorece la recuperación.
4. Conclusión
Tener motivos poderosos para vivir no es un detalle secundario: es un factor importante en el proceso de un cáncer. La ciencia lo respalda y las experiencias de Odile Fernández y Kelly A. Turner lo ejemplifican.
Cultivar un propósito vital claro puede convertirse en un recurso terapéutico que mejora nuestro sistema inmune, la adherencia al tratamiento y la calidad de vida, incluso en los momentos más difíciles.
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